Hay platos que con sus olores y sabores nos transportan a momentos concretos de nuestra vida; las croquetas de mamá, el pollo en salsa de la abuela, el cocido de papá... son recetas que siempre nos reconfortarán.
Cuando éramos pequeños mi hermano y yo nos negábamos a comer algunos alimentos, mi pobre madre tuvo que valerse de ciertas triquiñuelas para, a duras penas, conseguirlo. Al principio nos contaba que intentó introducirlos en los purés, pero aún así seguía constándole dios y ayuda que nos los comiésemos. Un día una vecina le dijo que ella le hacía a sus hijos croquetas de calabacín, atún, pollo... Vamos, lo que viene siendo croquetas con todo lo que a sus hijos les costaba comer. Y nuestra madre encontró ahí la solución. David y yo nos zampábamos con gusto cualquier croqueta que nos pusiese por delante, sin importar los ingredientes con los que estuviese preparada. Todas nos parecían que estaban exquisitas, pero sin duda la joya de la corona era la croqueta de pollo y huevo duro. Os comparto aquí la receta, espero que las disfrutéis igual que lo hemos hecho nosotros todos estos años. INGREDIENTES: (Para aprox 35 croquetas) - 1 cebolla. - 1 diente de ajo. - 2 muslos y contramuslos de poll...
Comentarios
Publicar un comentario